(Columna)

Serie Mundial 2018: Dodgers de Los Angeles contra Medias Rojas de Boston.
Serie Mundial 2018: Dodgers de Los Angeles contra Medias Rojas de Boston.

Me gusta hablar, escribir, comentar, investigar, publicar, discutir y transmitir sobre la Serie Mundial. Más aún cuando aparecerán los Dodgers por segundo año consecutivo, tras aquellos 29 años de no haber estado presentes. Todavía más si llegan los Medias Rojas, el equipo que se fue ganando mis simpatías desde hace mucho y lo declaré mi favorito en la Liga Americana. Por lo tanto, más y más me gusta si se ha dado la Serie Mundial soñada para mí: Los Angeles-Boston.

Me encanta el sabor a historia que se vive en cada Clásico de Otoño. Es rememorar las series vividas, vistas, disfrutadas o sufridas y sentir la intensidad de cada nueva edición aun y cuando no esté alguno de mis favoritos.

Cómo disfrutaba cada vez que el admirado y siempre bien recordado don Pedro “Mago” Septién la definía así: “Una Serie Mundial, chamaco, es un conflicto de músculo, de técnica y de neurosis. Telaraña de pasión y fanatismo que devoran la lógica. Y, suavecito también, es un ballet sin música, es un drama sin palabras y es un carnaval sin colombinas”. Solo un genio como el Mago podía haber creado, enriquecido y modelado con estilo tan singular lo que, en sí, ya es un universo paralelo. Lo vuelvo a ver y escuchar y no dejo de sonreír y agradecerle, querido Mago.

Jorge "Sonny" Alarcón, Pedro "Mago" Septién y Antonio De Valdés.
Alarcón, Septién y De Valdés, inolvidable equipo que transmitió por más de una década los Clásicos de Otoño para la televisión mexicana (Foto Twitter).

La Serie Mundial puede ser todo y todo puede estar en las lágrimas de emoción de quienes no las pudimos contener cuando Fernando Valenzuela ganó su único partido de Serie Mundial, hace 37 años exactamente, el 23 de octubre de 1981, venciendo a los Yankees y escuchando el último out con el ponche a Lou Piniella en la voz de otro inmortal, don Jorge “Sonny” Alarcón: “Se yergue Fernando allá en el centro del diamante y  va con el lanzamiento, la bola viaja… ¡Strike! ¡Lo ponchooooó!”. También de escribirlo se agolpan las lágrimas.

Fernando Valenzuela ganó el juego 3 de la Serie Mundial de 1981 para los Dodgers contra los Yankees, el 23 de octubre de ese año.
Imposible para muchísimos aficionados mexicanos no asociar hazañas en Series Mundiales con el recuerdo de Fernando Valenzuela (Foto Twitter).

La Serie Mundial es también los jonrones que aceleran el corazón: Gibson en el ’88 (¡Hace 30 años!), Puckett en el ’91, Carter en el ’93, Jeter en 2001, Freese en el 2011, Rajai Davis en 2016… En fin, no hay modo de hacer justicia y mencionar a todos y eso es solo los que vimos en vivo porque atrás en la historia son imborrables los del Bambino, Mazeroski, Fisk, Jackson y otro larguísimo etcétera.

La Serie Mundial escribe historias imborrables con brazos como los del propio Valenzuela, “El Gato” Morris, Saberhagen, Viola, Randy Johnson, Schilling, Bumgarner, pero sin dejar pasar los que están todavía en páginas anteriores en el libro de la vida como Mathewson, Alexander, Koufax, Ford, Bob Gibson, Mickey Lollich, Jim Palmer y hasta el mismísimo Babe Ruth, quien como pitcher lanzó juego completo de 14 entradas -13 consecutivas en blanco- en 1916 contra los Robins de Brooklyn, cuando el Bambino jugaba todavía para los Red Sox, único antecedente en Clásicos de Otoño entre las novenas que lo disputarán en 2018.

La Serie Mundial también es el otro lado de la moneda como el error de Bill Bucker contribuyendo a la “Maldición del Bambino”, los 108 años que tardaron los Cachorros en volver a ser campeones, la “Maldición de los Medias Negras”, y cualquiera que sea la maldición que tiene a los Indios de Cleveland con 70 años sin ganarla. Algunas ya se terminaron, pero mientras fueron vigentes no había explicación lógica de su efecto en tantísimos jugadores y aficionados.

Me gusta la Serie Mundial porque a muchos a los que no les gusta y no entienden la grandeza del beisbol les molesta el adjetivo calificativo de “mundial” porque dicen que es invención o complejo de superioridad de los gringos, porque no puede ser mundial si no participan equipos de todo el mundo y la mano del muerto… Cada año o a cada rato se desgastan con lo mismo y yo me molestaba, pero ahora simplemente esbozo una sonrisa de “pase y váyase”.

También me gusta de las Series Mundiales que, en la actualidad, se pueden ver por muchos canales o muchas plataformas –como ahora se les dice – y porque los aficionados latinoamericanos y especialmente los mexicanos se pelean o discuten porque unos cronistas ya están muy vistos o porque otros son aburridos u otros son gritones u otros más no saben de beisbol o los de más allá se creen muy sabiondos y uno que otro es corriente, muy corriente, bueno, que algunos son corrientes, para no dejarlo solo. De cualquier manera, yo creo que son muy afortunados todos estos colegas por transmitir cada partido y lo que me da más gusto, en verdad, es la difusión del beisbol y que cada quien escoja lo que más le apetezca.

Ya está aquí otra Serie Mundial muy interesante, una que levantará pasiones y que, sea como sea su desarrollo y/o resultado, valdrá la pena seguir al detalle.

“Apunta, chavo, para tu columna”, como diría el gran Mago Septién.