(Columna)

Se ha incrementado el número de cuadrangulares en Grandes Ligas y en la Liga Mexicana de Beisbol en 2019.
Los toleteros se están olvidando de los batazos que no sean cuadrangular.

Estimados amigos, como lógica consecuencia de señalar algo en pro y en contra del tema del cambio de marca de pelota que se utiliza en la Liga Mexicana de Beisbol, aparecen las comparaciones estadísticas con las que muchos compañeros y medios de comunicación tenían que invitar al resto de los medios, los compañeros y, sobre todo, al público a unirse a la conversación. O simplemente, algunos nada más querían establecer su punto y ya.

De cualquier manera, salieron a relucir los números que, a simple vista, harían pensar que la pelota marca Franklin, nuevo socio comercial de la LMB, vuela más que la Rawlings, la que se utilizó por muchos años en nuestro beisbol de verano y que es la misma marca que se usa en las Grandes Ligas aunque, se vuelve a aclarar, nunca fue exactamente el mismo modelo allá y aquí e incluso las pelotas venían de fábricas muy distintas.

Se han conectado más hits sencillos y dobles en los 4 primeros juegos del 2019 que en los cuatro primeros del 2018 en la LMB
Se han conectado más hits sencillos y dobles en los 4 primeros juegos del 2019 que en los cuatro primeros del 2018 en la LMB (Imagen Twitter).

El vuelo de la Franklin

Es interesante enterarse que, después de los primeros cuatro partidos para cada uno de los 16 equipos tanto en la campaña 2018 como en la flamante aún 2019, se incrementó el número de hits sencillos, dobles y cuadrangulares. Los imparables de una base pasaron de 623 a 703, los tubeys aumentaron de 104 a 139 y los estacazos de cuatro esquinas se elevaron de 54 a 90.

Se han conectado más cuadragulares en los cuatro primeros partidos del 2019 que en los cuatro primeros del 2018 en la LMB.
La comparación del total de cuadrangulares conectados en los 4 primeros partidos de las temporadas 2018 y 2019 (Imagen Twitter).

Vamos a hacer un pequeño vistazo más al detalle en los cañonazos estelares, los home runs, que son los que a decir del querido maestro Don Pedro “Mago” Septién son los “batazos que destruyen castillos y levantan monumentos” (esa es la cita precisa, por cierto).

Un total de 10 equipos han pegado más vuelacercas en este naciente 2019 que en los cuatro primeros juegos del entonces naciente 2018. Los que mejor diferencial tienen son los Guerreros de Oaxaca con +7, es decir, pegaron solo 4 en 2018 y van en 11 en 2019. Los líderes jonroneros hasta el momento son los Rieleros de Aguascalientes con 14 por 9 del año pasado por lo tanto están en +5. Y ese +5 también ostentan los Sultanes de Monterrey (6 a 1). Incluso, los Olmecas de Tabasco que no se habían volado la barda en sus primeros 4 cotejos del 2018.1, hoy por hoy tienen 1 bambinazo, lo cual tendría que poner de plácemes a sus aficionados y dirigentes.

Hay 3 equipos que están parejos y llevan el mismo paso en 4 juegos: Tigres de Quintana Roo (3-3), Leones de Yucatán (3-3) y Piratas de Campeche (2-2). Y solo dos caerían en una especie de “ineptitud jonronera” –ojo, solo por los 4 primeros juegos – y son los Diablos Rojos del México que llevaban 6 en 2018 y tienen solo 5 (todos en el juego inaugural) en 2019 y los Generales de Durango que también están con -1 (2-3). Por supuesto, se van a reponer estos dos y la tendencia indica que los totales a nivel de cada equipo y, en consecuencia, a nivel de la liga se irán incrementando para deducir que esta nueva pelota Franklin vuela más que la Rawlings y los que pronosticaron que esto sucedería hasta se van a dar diplomas a sí mismos por haberlo señalado desde que se anunció el cambio de marca de las esféricas.

Allá también hace aire

Sin embargo, el hecho de que se estén pegando más hits y más bambinazos no es privativo de México. En las Grandes Ligas, los promedios de grandes batazos también están yéndose a las nubes y resulta que allá no cambiaron de marca.

Hasta la jornada de este martes 9 de abril, en las Mayores se han disputado 334 partidos y en total se han conectado 433 home runs. Esto les está dando un promedio de 1.30 cuadrangulares por juego, lo que está superando por mucho el promedio de 1.15 del 2018 y también está por arriba del 1.26 del 2017, que es el máximo promedio de todos los tiempos en el beisbol del mundo.

En ese 2017, se estableció la marca de todos los tiempos con un total de 6,105 cuadrangulares, que superó por 322 el récord anterior que se había impuesto en el año 2000 con 5,693. Ambas fueron temporadas similares en el número de equipos militantes con 30 y en total de partidos disputados con una diferencia de solo dos: En el 2000, fueron 4,858 y en el 2017, 4,860.

Lo que sí está estableciendo una gran diferencia es la estadística de hits sencillos, dobles y hasta triples. Si nos vamos a comparar esas temporadas 2000 y 2017, veremos que es dramática la distancia de hits sencillos conectados porque, en el 2000, se conectaron 45,256 sencillos por 42,215 del 2017, o sea, 3,041 más. Es decir, en el “2K”, el promedio de hits por juego fue de 9.31, mientras que en el 2017, bajó a 8.69.

En dobles, la diferencia fue de 504 que se pegaron más en 2000 (8,901) que en 2017 (8,397) y en triples, hubo 157 más en el 2000 (952) que en 2017 (795). Obviamente, los promedios por juego también reflejarán esas diferencias.

Y, ahora, dos años después, así como ya vimos que el promedio de home runs por encuentro aumentó, sigue disminuyendo el de hits. En este 2019, los sencillos por partido van en 8.19, mientras que en 2018 el promedio fue de 8.44.

Cody Bellinger, líder jonronero de los Dodgers de Los Angeles.
Cody Bellinger tuvo un impresionante arranque jonronero en 2019 y se elevó a líder en cuadrangulares y carreras producidas en la primera semana de las Mayores (Foto Twitter).

¡¡Aahh!! Pero también está aumentando el promedio de ponches por juego que fue de 8.48 en 2018 y va en 8.68 en 2019. Y basta decir que no ha dejado de aumentar cada año a partir de 2005.

Este pequeño vistazo a los números confirma lo que los especialistas en las Grandes Ligas han comentado desde hace un tiempo, los bateadores están más adiestrados y/u obsesionados con el swing grande, con el batazo largo, con producir carrera de un solo golpe y ya no tanto como una manufactura de equipo, un estilo en que las carreras “se fabricaban”. También por eso más ponches; intentan más volarla que hacer contacto.

En fin. Más jonrones, más espectáculo –según el cristal con el que se mire–, mejores contratos, más dinero.

Y esos vientos también pegan por acá. Cada vez se recorta menos el swing, los beisbolistas son mejores atletas, se preparan más físicamente para adquirir el famoso “power” y se va decantando el gusto por la técnica, dejando cada vez más de lado el dominio de la zona de strike y la situación de cada turno al bat o cada lanzamiento por buscar las bardas, por más que se diga que los cuadrangulares vienen solos, que no es la intención botarla del parque cada vez que llegan con el madero a la cita con el destino.

Que sigan despedazándose entre sí o vanagloriándose los que se pelean por el cambio de marca en nuestras latitudes. Lo que sí es cierto que “doña Blanca” está volando más aquí y allá.